Como tener una gotera sobre el cuerpo.
Cada segundo una gota
Rociándome.
After Party
Veníamos de ahí de con Charly, Osvaldo había tomado unas diez cervezas y yo seis, siete tequilas. Andábamos dándonos de empujones, tirándonos mierda con todo lo que se podía. Yo le andaba platicando de una vieja que bien cabrona me dejó por otro con mas baro. – Pinchis viejas que se mueran todas, me decía el Osvaldo. Luego entramos al parque, y… me acuerdo que nos paramos porque se me habían desamarrado las cintas de los tenis. Entonces yo me las estaba amarrando cuando me dice el Osvaldo – Mira mira esa chulota que viene ahí. Venía una mujer corriendo, haciendo ejercicio, con unas mallas y una blusa bien, bien apretadas. El Osvaldo que le empieza a hacer de señas, agarrándose la verga. Y pues yo igual, cuando la vi, me puse a chiflarle y a decirle de cosas. La muchacha pasó, nos vio con mala cara y siguió corriendo. Y ya yo volví a lo de mis cintas y el Osvaldo se reía y se reía. Y entonces ya cuando nos íbamos, poquito antes de salir del parque, que nos volvemos a topar a la buenota. Osvaldo se le acerca, nomás para espantarla, pero se le alcanza a juntar mucho y la maldita vieja que le tira bien duro una piedra bien picuda a la cabeza. Y pues, yo que veo a mi amigo así todo madreado y me le lanzo corriendo a la vieja, y ni creas, porque Osvaldo así aunque iba todo ensangrentado de la cabeza, también le corrió conmigo y alcanzamos a la muchacha que andaba toda nerviosa y se tropezó con sabe que. La encontramos ahí tirada en el piso. Comenzó a pedir perdón pero el Osvaldo se le va a las patadas, la pateó diez, quince, veinte veces. La vieja toda sangrada, luego de patearle la cara se le deja ir a la panza, y la morra ya ni se movía. Y entonces yo le dije – La vas a matar. Y vino y me agarró a la fuerza y me llevó a un ladito de donde estaba tirada y entonces la agarró de las greñas y la jaló hasta mi mano y me dijo – Ándale cabron por lo que te hicieron ellas. Agárrame a esta puta. Y yo la agarré mientras el Osvaldo le ponía un ratote, pero un ratote y le gritaba mamada y media y le escupía. Y ya la vieja no se movía, desde hacia rato. Pero Osvaldo estaba como diablo, no se le podía decir nada, no escuchaba y no me hacia caso. Entonces yo dejé de agarrar a la mujer. Me le quedé viendo nomás a Osvaldo, y luego lo fui a intentar jalar pero me dio un putazo y ya mejor no quise saber nada de ese cabron, lo dejé en su pedo. Yo pues, no estaba nervioso porque en el parque no se escuchaba nada. Nadie venía y además había poca luz, nomás se escuchaban los pujidos del Osvaldo. Entonces me senté en una banquita, agarre los tenis de la mujer que estaban desbalagados por ahí por la banquita. Estaban bonitos. Me quedé mirándolos mientras seguía escuchando a Osvaldo, les amarré las cintas y los tiré a un cable de luz que estaba enfrente de mi. Y luego me paré y me fui caminando de regreso a lo de Charly para pedirle chance y pues quedarme en la zona por si al Osvaldo le iba mal. Y ya fue todo.
- Eso. Es crimen de primer grado
- Pero ya le dije que yo no le puse un dedo encima a esa vieja
- Eres cómplice de violación y de asesinato
- Yo no maté a esa mujer. Y bueno carajos, dígame ahora si como se enteraron de mi, ¿el Osvaldo fue el rajón?
- No pendejo, fueron tus huellas en los zapatos.
- Eso. Es crimen de primer grado
- Pero ya le dije que yo no le puse un dedo encima a esa vieja
- Eres cómplice de violación y de asesinato
- Yo no maté a esa mujer. Y bueno carajos, dígame ahora si como se enteraron de mi, ¿el Osvaldo fue el rajón?
- No pendejo, fueron tus huellas en los zapatos.
Última carta a un amigo. 26 de abril del 2009. México, Distrito Federal
El viernes la gente caminaba apresurada, se les olía el titular de aquella mañana en el sudor. En el metro, las mujeres con cubre bocas jaloneaban a sus hijos, también con cubre bocas, con cara de asco. Miedo. Miedo en el vagón, en las escaleras eléctricas. Cuidándose unos de otros. Mirando temerosos, vulgares, con entrecejo de repugnancia.
El contador sigue incrementando, 81 muertos de influeza porcina.
Esta noche hago la maleta. Al fin, seremos culpables de nuestras muertes. Ojo por ojo.
He visto demasiadas películas.
El contador sigue incrementando, 81 muertos de influeza porcina.
Esta noche hago la maleta. Al fin, seremos culpables de nuestras muertes. Ojo por ojo.
He visto demasiadas películas.
Trotando por la calle dos, un señor viejo, alto y delgado. Su chamarra al hombro. Con cara de sueño va, parece como que le pica un ojo. Pasa en eso volando, cruzando, y casi estampando su peluda presencia un gato alado. El señor no parece asombrado. –Estos condenados –murmura cuando el felino dobla la esquina. El viento, el polvo. El paso repetido y sonoro. La calle cuatro, y sigue estando solo. Busca en el bolso izquierdo, reduce el paso, aprieta un papel dentro del pantalón, recuerda el ticket y mira al cielo. Su atención se encuentra una rama pelona y siete cables que dividen para hacer rombos. Y ahí es cuando deja el pensamiento de la última compra y se le viene a la cabeza una canción. Emprende camino recto y continuo hacia el final de la cuadra haciendo con la boca ruiditos y cantando en voz bajita….
.Tuti.tuti.tuti.tuti. Tuti.tuti.tuti.tuti. I.AM.READY / READY’S.ANYBODY.CAN.BE. Tuti.tuti.tuti.tuti.
I.AM.READY / READY’S.ANYBODY.CAN.BE Tuti.tuti.tuti.tuti.
I.AM.READY.FOR.YOUUU- -I.HOPE.YOU.READY.FOR.ME. Tuti.tuti.tuti.tuti´´
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Un crujido. No, son dos crujidos, esquinados en la parte izquierda de mi cabeza. Me comienzan a comer el sentido, creo haber soñado su razón, pero ahora que la somnolencia no me tiene atrapada no puedo seguir el rastro. Salgo del cuarto, bajo las escaleras, el ruido cesa, a cambio sobras asechan las paredes. Buco agua por que mis labios se secan entre los escalofríos y la tos ronca de roca. Con agua en el río es arma a mi favor contra la punta de la flama. Yo le dije a la doctora que todo era amarillo, ella respondió que yo no sabía identificar. Pero cual fue la verdad?. La supe esta noche cuando salio de mi boca un viscoso transparente amarillo.
El afiche era de bolas y de ahí partían particulares líneas que sabroseaban con mis sábanas. Primero se presentó terrorífico, mojado en sudor, eléctrico en pinchazos y calambres. Sin pizca de clemencia. Frío y después sudor, mientras ellos hablan de cómo me he portado tan mal. Pero no sabían mi plan, justo, que no van a decir lo mismo después, después de que vean mi afiche de círculos y líneas particulares perfectas. Además puse algunas con colores de los ochentas, ustedes dijeron que era toda una obra de carácter, por eso la puse a la venta. Así vinieron llegando por el celular, modismo mensajes, invitados a mi linda casa de la enfermedad. Curioso, mi obra era un flyer para convencerlos a todos, y cayeron, y entre más eran yo menos enferma podría estar. Entonces llego un invitado especial, el tenía en su mano un par de tequilas. Me tome uno, el tequila me llevo más cerca de volverme de nuevo humano. Oh! La respuesta comenzaba a hacerse notoria. Tendrían que venir todos a verme con un tequila. Yo en cambio les regalo mis gruñosos remolinos en los limitados espacios del colchón. Así un paso arriba comencé a exhalarlo todo por la garganta, cuando la tos fue siendo el monstruo exorcizado por un díos Jalisquillo.
El afiche era de bolas y de ahí partían particulares líneas que sabroseaban con mis sábanas. Primero se presentó terrorífico, mojado en sudor, eléctrico en pinchazos y calambres. Sin pizca de clemencia. Frío y después sudor, mientras ellos hablan de cómo me he portado tan mal. Pero no sabían mi plan, justo, que no van a decir lo mismo después, después de que vean mi afiche de círculos y líneas particulares perfectas. Además puse algunas con colores de los ochentas, ustedes dijeron que era toda una obra de carácter, por eso la puse a la venta. Así vinieron llegando por el celular, modismo mensajes, invitados a mi linda casa de la enfermedad. Curioso, mi obra era un flyer para convencerlos a todos, y cayeron, y entre más eran yo menos enferma podría estar. Entonces llego un invitado especial, el tenía en su mano un par de tequilas. Me tome uno, el tequila me llevo más cerca de volverme de nuevo humano. Oh! La respuesta comenzaba a hacerse notoria. Tendrían que venir todos a verme con un tequila. Yo en cambio les regalo mis gruñosos remolinos en los limitados espacios del colchón. Así un paso arriba comencé a exhalarlo todo por la garganta, cuando la tos fue siendo el monstruo exorcizado por un díos Jalisquillo.
5:45 am
–Las madrugadas fueron hechas para los gatos –piensa mientras se desliza por las escaleras. Apenas salió del sueño, y ya siente entre la oscuridad el cuerpo mezclarse con la incertidumbre de un miedo, aquel que viene si pensara en un barranco posible en dónde nada en lo próximo se ve. Va muy cerca de la pared, embarrando la dulzura que hay en el final de la casa de la luna. Ya viene pronto luz natural y no espera nada más que no encontrarse con algún espejo, que le recuerde que en esta vida no nació siendo un gato.
Tapalpa
Esa tarde hacía un viento extraño, sobrepasado de los estándares del verano. Había decidido ir a dar un paseo después de la hora del almuerzo, el sol y aquel aire hacía que las sombras de las hojas hicieran un verdadero teatro. Agarré la bolsa de mimbre y metí pinceles, las acuarelas, una libreta que le quedan pocas hojas y una tela que más son los usos que le he dado que los colores con los que se pinta, una manzana verde ácida, un pequeño encendedor negro y los cigarrillos.
Pasando por los pastizales que el jardinero todavía podaba fuera de nuestra casa, después una cerca de púas que nadie se ha molestado en arreglar, y desde que la conozco tiene un hoyo por donde un cuerpo inclinado entra sin dificultades. Seguíanle los árboles que van amando al río. El río, que no está tan lleno, pero suena a composición de que es verano. Decidí ir más allá, pasando los árboles, después de comerme los tonos de la Gloria de la mañana, los mantos de María me resoplaron en trompetilla los cuentos que de niña solían hacerme reír, y fue hasta pasar los morados, que encontré el camino sinuoso, donde las ramas hacían lo suyo en motivo de hacer misterio sobre la tarde.
Caminé siguiendo pisadas de vacas, entre dos cercos de casi mi altura, cada vez escuchaba más lejos el río que se mezclaba con los cantos de las golondrinas, y ese caminito, que sugería tanto. Sinuoso. Caminaba lento, agarrando hojas y ramas por doquier, tarareaba la Nocturne, pensando en poco, simples historietas de diario, en donde me podré convertir en una doncella de Versalles, o en una puta que beso a Baudelaire, en oruga que en potencia… en bailarina de jazz o en estrella de rock, en esmeralda bajo mina, en guitarra de Thom, en gato, en gato. Mientras aquel vaivén hacía en mis piernas la tiranía del placer, el camino se hundía en las rocas lisas que alguien dejó caer del cielo, en un arranque de furia.
Pasando por los pastizales que el jardinero todavía podaba fuera de nuestra casa, después una cerca de púas que nadie se ha molestado en arreglar, y desde que la conozco tiene un hoyo por donde un cuerpo inclinado entra sin dificultades. Seguíanle los árboles que van amando al río. El río, que no está tan lleno, pero suena a composición de que es verano. Decidí ir más allá, pasando los árboles, después de comerme los tonos de la Gloria de la mañana, los mantos de María me resoplaron en trompetilla los cuentos que de niña solían hacerme reír, y fue hasta pasar los morados, que encontré el camino sinuoso, donde las ramas hacían lo suyo en motivo de hacer misterio sobre la tarde.
Caminé siguiendo pisadas de vacas, entre dos cercos de casi mi altura, cada vez escuchaba más lejos el río que se mezclaba con los cantos de las golondrinas, y ese caminito, que sugería tanto. Sinuoso. Caminaba lento, agarrando hojas y ramas por doquier, tarareaba la Nocturne, pensando en poco, simples historietas de diario, en donde me podré convertir en una doncella de Versalles, o en una puta que beso a Baudelaire, en oruga que en potencia… en bailarina de jazz o en estrella de rock, en esmeralda bajo mina, en guitarra de Thom, en gato, en gato. Mientras aquel vaivén hacía en mis piernas la tiranía del placer, el camino se hundía en las rocas lisas que alguien dejó caer del cielo, en un arranque de furia.
Dance Floor
Todos los brazos
Pareciendo
Cuellos de flamingos
Enredándose
Con una misma cancion
Lejanos de
Tiranos que
Sobre los encuentros
De oficiales
Sin donas
Con fuscas
En el camion
Y los encerrados
Y todos los quemados
Riendose
En el desierto
De lo que se va junto con el caño
Tu corazon
Palpito desnudo
Cuando haces el amor
No te arrepientas
Nunca
De ser el más humano
Que se te ha venido a la cabeza
Ocurrencia
Y tampoco
De cualquier momento
Que sientas el herbor
Y te rias
Mientras bailas
Pareciendo
Cuellos de flamingos
Enredándose
Con una misma cancion
Lejanos de
Tiranos que
Sobre los encuentros
De oficiales
Sin donas
Con fuscas
En el camion
Y los encerrados
Y todos los quemados
Riendose
En el desierto
De lo que se va junto con el caño
Tu corazon
Palpito desnudo
Cuando haces el amor
No te arrepientas
Nunca
De ser el más humano
Que se te ha venido a la cabeza
Ocurrencia
Y tampoco
De cualquier momento
Que sientas el herbor
Y te rias
Mientras bailas
Cuando te compraste tu Mac
Cuando te compraste tu Mac, de camino a tu casa tocabas la caja, que con sus dotes de maletín te había conquistado y acabado de definir tu teoría. Era lo mejor que podías pedir. Y muy sonriente la paseaste por el arco de la primera puerta del hogar, y sin sentir escrúpulos que sean conmovedores de las ansias, abriste aquel maletín con tan sencillos movimientos. Ahí estaba, todo bien hechesito, desde la repartición de los elementos, que envueltos en mamelucos gritaban a coro el himno de la pretensión, hasta la coloración de la cosita que amarra los cables. Perversamente perfecto.
Oh belleza! Cuando sobre tu escritorio dormía. Más de una vez te quedaste mirando como respiraba, y no lo niegas, te gustaba.
Blanca de mis alas. Soy una flaca minimalista.
Negra misteriosa. Y la burguesía se me cuelga por los hombros.
Oh! Plateada de luna. De noche te veré cantar.
Cuasi te entendía, cuando derrochaste toda una noche en cualquier programa del I life. Y nunca has sido fetichista, pero ese fondo de pantalla que te pasa las portadas de los cd’s te ha hecho sentir ganas de besarla. Comparable también con el día que descubriste el asunto de las esquinas, sentiste como haber comido un canapé –perversa.
Lamentablemente no sabías que las desgracias siempre han estado escondidas tras el código de barras. Y por más que te duela, vendrá el tiempo donde el amor se mute en odio, y la quieras aventar por la ventana, el día en que la música haga un estúpido stop intermitente cada que quieras tirar alguna molestia al basurero. –Maldita, maldita malvada. No sé en que momento me dejaste de querer, si tú, la que respira, me haces sentir azul. Mugrienta, ya ni blanca te ves.
Oh belleza! Cuando sobre tu escritorio dormía. Más de una vez te quedaste mirando como respiraba, y no lo niegas, te gustaba.
Blanca de mis alas. Soy una flaca minimalista.
Negra misteriosa. Y la burguesía se me cuelga por los hombros.
Oh! Plateada de luna. De noche te veré cantar.
Cuasi te entendía, cuando derrochaste toda una noche en cualquier programa del I life. Y nunca has sido fetichista, pero ese fondo de pantalla que te pasa las portadas de los cd’s te ha hecho sentir ganas de besarla. Comparable también con el día que descubriste el asunto de las esquinas, sentiste como haber comido un canapé –perversa.
Lamentablemente no sabías que las desgracias siempre han estado escondidas tras el código de barras. Y por más que te duela, vendrá el tiempo donde el amor se mute en odio, y la quieras aventar por la ventana, el día en que la música haga un estúpido stop intermitente cada que quieras tirar alguna molestia al basurero. –Maldita, maldita malvada. No sé en que momento me dejaste de querer, si tú, la que respira, me haces sentir azul. Mugrienta, ya ni blanca te ves.
"Sugestiones. Cohetes.
A propósito del sueño, aventura siniestra de todas las noches, se puede decir que los hombres se duermen, diariamente, con una audacia que sería incomprensible si no supiéramos que es el resultado de la ignorancia del peligro".
(Charles Baudelaire. Diarios íntimos. Cohetes)
(Charles Baudelaire. Diarios íntimos. Cohetes)
metro
Monamis
El ruido del zacatal moviéndose, es verano, y hay pequeñas gotas de brisa todavía aferradas a los terciopelos de las hojas. El cielo se abre lento, deja ver reflejos brillantina en el agua. Julieta no sabía que las horas habían dejado de pasar, cuando sus ojos se tornaron cristalinos, acuosos espejos divinos. Ponía su mano blanca sobre el frío de aquel lugar. Cuando su nariz se encendía hasta el frío, y en un respiro, más grande que el arrollo, voló todos sus sentidos.
Milenka y Esteban, esperan, parados, ya lo escuchan venir. En eso Julieta suelta el aire, y voltea, cuando en sus oídos retumban pasos roncos a lo lejos. Ve a Milenka atenta, sonriéndole un poco, Esteban ya camina para descubrir, tras el monte, sobre la curva del camino de polvo. Saliendo majestuosamente, los roncos pasos supieron hablar. la cara de Julieta cambió a tener estampas de terror en ella.
–Que son!?- grito Julieta, cuando trataba de entender que eran aquellas bestias peludas, parte caballo y parte hiena, pero de un tamaño elefántico. Eran de complexión casi cuadrada, y sus patas, cortas les salían temerosas, formando entre ellas arcos de mezquitas. En sus lomos iban sobre tapetes rojos, gentío de madres, con niños y algunos hombres al volante. Las bestias caminaban una detrás de otra, sin ver a ninguna parte, como máquinas, perdidas en un rumbo monótonos sus ojos eran grandes, Julieta los vio con desprecio, pues consideró que se parecían a los de ella. No se le hicieron muy simpáticos los pelos de aquellos animales capaces de aplastarla en un solo descuido. Pero los tripulantes parecían tan despreocupados, que la idea comenzó a embriagarle la cordura.
-son monamis!- dijo Milenka. Y todos corrieron a ver el desfile pasar, a unos pasos no muy preventivos. Julieta sentía el polvo en su cara, pero sus ojos no dejaban de recorrer las pieles, y las sonrisas de las madres, y escuchaba inmóvil, las voces de los niños jugando, y el sonido de los cántaros chocando, y esas pisadas, retumbando como tambor de pecho.
Milenka y Esteban, esperan, parados, ya lo escuchan venir. En eso Julieta suelta el aire, y voltea, cuando en sus oídos retumban pasos roncos a lo lejos. Ve a Milenka atenta, sonriéndole un poco, Esteban ya camina para descubrir, tras el monte, sobre la curva del camino de polvo. Saliendo majestuosamente, los roncos pasos supieron hablar. la cara de Julieta cambió a tener estampas de terror en ella.
–Que son!?- grito Julieta, cuando trataba de entender que eran aquellas bestias peludas, parte caballo y parte hiena, pero de un tamaño elefántico. Eran de complexión casi cuadrada, y sus patas, cortas les salían temerosas, formando entre ellas arcos de mezquitas. En sus lomos iban sobre tapetes rojos, gentío de madres, con niños y algunos hombres al volante. Las bestias caminaban una detrás de otra, sin ver a ninguna parte, como máquinas, perdidas en un rumbo monótonos sus ojos eran grandes, Julieta los vio con desprecio, pues consideró que se parecían a los de ella. No se le hicieron muy simpáticos los pelos de aquellos animales capaces de aplastarla en un solo descuido. Pero los tripulantes parecían tan despreocupados, que la idea comenzó a embriagarle la cordura.
-son monamis!- dijo Milenka. Y todos corrieron a ver el desfile pasar, a unos pasos no muy preventivos. Julieta sentía el polvo en su cara, pero sus ojos no dejaban de recorrer las pieles, y las sonrisas de las madres, y escuchaba inmóvil, las voces de los niños jugando, y el sonido de los cántaros chocando, y esas pisadas, retumbando como tambor de pecho.
Maquillaje
Se llama Paula, primero, pero al sufrir en un hospital con ese nombre prefirió el de Ana, cargando sin saberlo con la suerte de apellidarse Frank. Pero después se cansó y prefrió ser un reloj colgado en Un mundo feliz. Hasta que un día llegó a postrársele en el marco una golondrina, que le contó un cuento sobre una estatua que hacía tan buena obra de caridad. Ella sin embargo siguió siendo un reloj. Después se cansó, eventualmente, ese oficio de tictaquear es re-aburrido. Decidió ser pues, cualquier prenda de Demian, o de Narciso o de Goldmundo. De Siddhartha prefirió ser un rubí de los tantos postrados en los dedos de su padre. Como HH vivió Tres momentos de una vida, en ensueños, cuando El Lobo Estepario. Creciendo repentinamente tres metros más, pero, por alguna razón se le fueron para abajo, como las raíces. Ahí quedo, enterrada. Dos meses duró hasta que un día a media tarde, comenzaron a pasar enfrente de ella un bonche de gente, con pancartas que dictaban La Profecía Celestina, y la liberaron, de la estática. La plantaron después por ahí, un día domingo, en un jardín privilegiado, junto a todas Las flores del mal, que le cayeron bien de principio, pero después se fue dando cuenta que moría a causa de ellas. Cada sequía parecía una ciudad con ruidos de camión, y cuando llegaba el invierno, durante la noche, eran las mismas Batallas en el desierto.
Se hizo pues una canción, la mejor idea que había tenido. Pudo ser una revolucionaria de Silvio, antes de que se vendiera por Ticketmaster, cuando una Biografía de Che Guevara se gastaba el tiempo regalado por el antiguo reloj. De canción mutó muchas veces. Una vez se convirtió en una de Gustavo Ceratí cuando se sentía Sola y se iba a la torre de Babel a cantarse a si misma una misma canción. Pronto se desesperó de la tonada, pero al fin siguió siendo solo canción. Una Canción Desesperada que le antecedían veinte poemas de amor. En esos se entretuvo un rato entonces, y aunque sabía que vivía en Una Realidad Aparente sobre el bosque poemario, nada encontró más bello que los Diarios Íntimos de Charles Baudelaire, en donde ya casi le regalaba todos los Paraísos Artificiales no imaginados por los pasados. Así fue conociendo a un hombre de tez morena durante su caminata en la costa poética. La señorita Fanfarlo quiso ser, reconociendo sus aires de burguesía y dandismo, y siguió caminando, ahora con un vestido pompon. Ya no era mas una canción. Era la novia del más chaparrito. Tomaban bourbon bajo un sauce llorón. Pero oh! Tragedia. La señorita Fanfarlo conoció a un gringo, que por ser gringo le hizo dudar. Pero al final, como pasa en los finales felices (infelices para el tercero afectado) conquistó definitivamente su corazón, así que solo se quedó con unas pocas cartas, que igual usaba en el tren como separador, cuando yendo por el camino pensaba que siempre se ha escuchado mejor decir “On the Road”. Ahí en el mismo tren, la señorita decidió llamarse Mardou. –Señorita Mardou por favor- todavía le quedaba un poco de dandismo. Pero la sangre no se le hizo agua esta vez, al contrario, era algo espeso, un líquido parecido al petróleo, o a la gasolina. Si, era gasolina lo que le dolía en las venas. Fue al baño y se desnudó, creándose con estampas un chaleco y unos Jeans. Era tan beat. Se bajó de un brinco del tren y siguió corriendo con el viento dandole en la cara, sientiendo el Aullido, escuchando, en el aire, los haikus escondidos, tímidos de su perfección. Era en ese tiempo, cuando estaba en cama de Jack. Usualmente, en la mañana llegaba Allen y se acurrucaba al otro lado. Era hermoso. Pero como todo en esta historia, caduco. La razón fue cuando se enfermó por una semana entera de una contagiosa, pegajosa cosa negra, que la fue convirtiendo, a la bella y bien proporcionada Mardou, en un objeto afilado, ferroso y viejo, oloroso, culpable de un crimen, merecedor de un castigo. Va entonces, cargando los edificios sobre sus hombros mientras la belleza se le derrite a cuenta gotas. Y ya no se pinta los ojos.
Se hizo pues una canción, la mejor idea que había tenido. Pudo ser una revolucionaria de Silvio, antes de que se vendiera por Ticketmaster, cuando una Biografía de Che Guevara se gastaba el tiempo regalado por el antiguo reloj. De canción mutó muchas veces. Una vez se convirtió en una de Gustavo Ceratí cuando se sentía Sola y se iba a la torre de Babel a cantarse a si misma una misma canción. Pronto se desesperó de la tonada, pero al fin siguió siendo solo canción. Una Canción Desesperada que le antecedían veinte poemas de amor. En esos se entretuvo un rato entonces, y aunque sabía que vivía en Una Realidad Aparente sobre el bosque poemario, nada encontró más bello que los Diarios Íntimos de Charles Baudelaire, en donde ya casi le regalaba todos los Paraísos Artificiales no imaginados por los pasados. Así fue conociendo a un hombre de tez morena durante su caminata en la costa poética. La señorita Fanfarlo quiso ser, reconociendo sus aires de burguesía y dandismo, y siguió caminando, ahora con un vestido pompon. Ya no era mas una canción. Era la novia del más chaparrito. Tomaban bourbon bajo un sauce llorón. Pero oh! Tragedia. La señorita Fanfarlo conoció a un gringo, que por ser gringo le hizo dudar. Pero al final, como pasa en los finales felices (infelices para el tercero afectado) conquistó definitivamente su corazón, así que solo se quedó con unas pocas cartas, que igual usaba en el tren como separador, cuando yendo por el camino pensaba que siempre se ha escuchado mejor decir “On the Road”. Ahí en el mismo tren, la señorita decidió llamarse Mardou. –Señorita Mardou por favor- todavía le quedaba un poco de dandismo. Pero la sangre no se le hizo agua esta vez, al contrario, era algo espeso, un líquido parecido al petróleo, o a la gasolina. Si, era gasolina lo que le dolía en las venas. Fue al baño y se desnudó, creándose con estampas un chaleco y unos Jeans. Era tan beat. Se bajó de un brinco del tren y siguió corriendo con el viento dandole en la cara, sientiendo el Aullido, escuchando, en el aire, los haikus escondidos, tímidos de su perfección. Era en ese tiempo, cuando estaba en cama de Jack. Usualmente, en la mañana llegaba Allen y se acurrucaba al otro lado. Era hermoso. Pero como todo en esta historia, caduco. La razón fue cuando se enfermó por una semana entera de una contagiosa, pegajosa cosa negra, que la fue convirtiendo, a la bella y bien proporcionada Mardou, en un objeto afilado, ferroso y viejo, oloroso, culpable de un crimen, merecedor de un castigo. Va entonces, cargando los edificios sobre sus hombros mientras la belleza se le derrite a cuenta gotas. Y ya no se pinta los ojos.
intento suicida. Puma Y Nokia
Está perdida una cartera, arrastrada por la basura de la noche. Se ha ido en el black out, saltó y emigro a la antipulcridad. Buena cartera vieja, se ha dotado de revolución.
Está triste la niña, quien no ha dejado de pensar en su cartera. (cuando las cosas se ven lejos, todo se explota en jerárquica importancia) La niña ahora, extraña la cabeza que salía desde las monedas, extraña el cigarro que se mantenía como entre unas piernas, enteladas, extraña los tickets arrumbados en un rincón, y sobre todo, extraña sus honrosos y meritorios reconocimientos citadinos. La niña está sin bañar, dando vueltas en su cuarto. Pensando dónde su cartera está.
La cartera despierta con la resaca de la noche camionera, ruidosa, alterada. No prefiere el bolso, por que ahí se siente limitada. Prenda de uso, puta de la calle dos. La cartera enfadada, vuelve a ver el odio de la noche pasada, cuando sus esquinas todavía tocaban, al espantoso celular rayado y vibroso, a una pluma que de vez en cuando se le ocurría salir y asomar esa puntiaguda cabecilla, mortal para la piel ficticia. Tal vez puede extrañar un poco al encendedor –él ha sido un buen aprendiz – piensa, tan delicado, tan obediente, nunca dormía además. Pero en verdad era fatal el olor que desprendía aquella cosa negra, que nunca supo bien de que raza era. Pero era de importación. Insoportable para la cartera, que recuerda con cara de asco. Fatal desesperación proveniente de aquella mancha negra al fondo de el bolso ha sido lo que determinara su ultima decisión. No más. Sin mirar atrás.
Ahora la niña hace la guerra, se acompaña en un trono de la Internet y dos teléfonos alfiles a los costados. Marca números agendados. En un celular que fatigado del round, esa mañana se amputó desde las caderas, aventándose a las profundidades de un café. La niña se muerde las uñas mientras piensa ( por un lado permanente en su cartera ) y por el otro analiza la posible culpabilidad del intento de suicidio de su celular. –serían ahora dos— pensó en una historieta de suspenso, la pobre niña agobiada.
Está triste la niña, quien no ha dejado de pensar en su cartera. (cuando las cosas se ven lejos, todo se explota en jerárquica importancia) La niña ahora, extraña la cabeza que salía desde las monedas, extraña el cigarro que se mantenía como entre unas piernas, enteladas, extraña los tickets arrumbados en un rincón, y sobre todo, extraña sus honrosos y meritorios reconocimientos citadinos. La niña está sin bañar, dando vueltas en su cuarto. Pensando dónde su cartera está.
La cartera despierta con la resaca de la noche camionera, ruidosa, alterada. No prefiere el bolso, por que ahí se siente limitada. Prenda de uso, puta de la calle dos. La cartera enfadada, vuelve a ver el odio de la noche pasada, cuando sus esquinas todavía tocaban, al espantoso celular rayado y vibroso, a una pluma que de vez en cuando se le ocurría salir y asomar esa puntiaguda cabecilla, mortal para la piel ficticia. Tal vez puede extrañar un poco al encendedor –él ha sido un buen aprendiz – piensa, tan delicado, tan obediente, nunca dormía además. Pero en verdad era fatal el olor que desprendía aquella cosa negra, que nunca supo bien de que raza era. Pero era de importación. Insoportable para la cartera, que recuerda con cara de asco. Fatal desesperación proveniente de aquella mancha negra al fondo de el bolso ha sido lo que determinara su ultima decisión. No más. Sin mirar atrás.
Ahora la niña hace la guerra, se acompaña en un trono de la Internet y dos teléfonos alfiles a los costados. Marca números agendados. En un celular que fatigado del round, esa mañana se amputó desde las caderas, aventándose a las profundidades de un café. La niña se muerde las uñas mientras piensa ( por un lado permanente en su cartera ) y por el otro analiza la posible culpabilidad del intento de suicidio de su celular. –serían ahora dos— pensó en una historieta de suspenso, la pobre niña agobiada.
Aleph
Dentro del abismo sensorial del que solo se dotan los sueños encontré la mirada oscura, tan gata, del mundo. Con chispas de perversión, y el manto caluroso de la inocencia, se revolvían los colores de la tierra en la batalla contra su propia luz. Los cielos se mezclaban entre soles que quemaban los tiempos pasados. Y todos los árboles se movían con la misma canción, que por detrás, al oído, me cantaba tragedias sanguinarias.
Al despertar fui corriendo hasta encontrar mi cuaderno, cuando los ojos todavía no abrían del todo. Tome un lápiz de poca punta y después de enfocar mi atención en esa molestia matutina, el sueño ya había abandonado en porcentaje acelerado la frescura de aquel recuerdo onírico. De cualquier forma intenté escribir, el lápiz corría con lentitud, todo se desmoronaba entre mis ligues de palabras, poco a poco se iba perdiendo aquella magnitud divina en la que había estado hace unos minutos. Adiós al sueño que me dejaba sin arrogancia, yéndose al rincón más celoso de mi cabeza, de donde no soy dueña ni de la mas superflua imagen.
Ahora veo mi cuaderno, pareciera solo un intento de rellenar el papel. Palabras traicioneras que van de un lado a otro sin poder decir más frases de amateur. Y yo no entiendo nada. Frustrándome sobre un blanco recuerdo de lo que una verduga noche soñé. ¿Será a razón de que si entiendo no hay más que entender? ¿será que si se revelara algo, tan solo un sentimiento de culpable descripción, la señora realidad temblaría del miedo y terminaría por matarme? ¿Será que secretamente me he comido las invenciones de arte posibles, en defensa del raciocinio humano?
Al despertar fui corriendo hasta encontrar mi cuaderno, cuando los ojos todavía no abrían del todo. Tome un lápiz de poca punta y después de enfocar mi atención en esa molestia matutina, el sueño ya había abandonado en porcentaje acelerado la frescura de aquel recuerdo onírico. De cualquier forma intenté escribir, el lápiz corría con lentitud, todo se desmoronaba entre mis ligues de palabras, poco a poco se iba perdiendo aquella magnitud divina en la que había estado hace unos minutos. Adiós al sueño que me dejaba sin arrogancia, yéndose al rincón más celoso de mi cabeza, de donde no soy dueña ni de la mas superflua imagen.
Ahora veo mi cuaderno, pareciera solo un intento de rellenar el papel. Palabras traicioneras que van de un lado a otro sin poder decir más frases de amateur. Y yo no entiendo nada. Frustrándome sobre un blanco recuerdo de lo que una verduga noche soñé. ¿Será a razón de que si entiendo no hay más que entender? ¿será que si se revelara algo, tan solo un sentimiento de culpable descripción, la señora realidad temblaría del miedo y terminaría por matarme? ¿Será que secretamente me he comido las invenciones de arte posibles, en defensa del raciocinio humano?
Bike
En un día de lluvia llegabas. Con botas negras. Bajando del auto en medio de los cactuses. Me lanzaste un beso y yo atónita en el muro de enfrente, en donde chocaba la bolsa de plástico olvidada. Y todo solo ha quedado en la memoria de un 8mm. Una gota cae sobre el plato morado. Dentro del reflejo del lago, tu cara. Asustada. Juguetona, con lagartijas verdes saliendo de las pestañas. En eso me callo, -shhhh . me digo, por que viene la calma. Escucha bien el inevitable chillido de las mentiras. Escucha también el mar a lo lejos, hipnótica profundidad, simetría absorbente, solo cuando ya te estas yendo dentro, para ahogarte el cuerpo de puro Barrettismo.
Destruyendo teorías para entrar en canción. (Giuseppe Ricuperati/ Hombre de las luces)
El silencio era un signo de desesperación para la intelectualidad de los presentes. Refugiados en la soledad fumaban los cinco hombres perturbados, separados por ángulos perfectos, en sus azul oscuro trajes largos. Todos, fracasados en la creatividad de espacios que no coincidían con la razón. Fuera de la diosa de sus cielos.
Pensabase dentro de toda la sala que siendo un poco menos radical/sensorial, y algo más analítico este momento sería inquietante instancia de conocimiento. Recordabase también los tiempos de fe en pasiones y en la creación. No era la primera vez que se disparaba contra un blanco evidente. No era la primera vez que la necesidad de batalla amor-odio se limitaba a edificar los bosquejos. Se trazaba al mismo tiempo un modelo único que ya se había desenmascarado antes de que se pusiera por escrito. Inevitable, antes de ser concebido por ellos ya era monstruo que se comía sus propios respiros.
Pensabase dentro de toda la sala que siendo un poco menos radical/sensorial, y algo más analítico este momento sería inquietante instancia de conocimiento. Recordabase también los tiempos de fe en pasiones y en la creación. No era la primera vez que se disparaba contra un blanco evidente. No era la primera vez que la necesidad de batalla amor-odio se limitaba a edificar los bosquejos. Se trazaba al mismo tiempo un modelo único que ya se había desenmascarado antes de que se pusiera por escrito. Inevitable, antes de ser concebido por ellos ya era monstruo que se comía sus propios respiros.
A
Ahora vendrán las campanas. Acompañan tu desviada luna
Asomando la cabeza. Arqueada la ventana. Astros de ciudad
no miran la noche. Abierta blancura donde
todo viaja. Amor en la belleza. A donde
se han ido los caballos. Adentro
de mi piel. Ambigua
relación
Am
I
D
E
A
D
Asomando la cabeza. Arqueada la ventana. Astros de ciudad
no miran la noche. Abierta blancura donde
todo viaja. Amor en la belleza. A donde
se han ido los caballos. Adentro
de mi piel. Ambigua
relación
Am
I
D
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D
Sebastian y Joaquin
Sebastián y Joaquín se levantaban todas las mañanas a eso de las 9.00 a.m., se encontraban en el pasillo que unía sus cuartos. Iban por un café, juntos, quitándose las lagañas. Después se quedaban en cama de alguno de los dos escuchando música, platicándose los sueños, hablando de fiestas y de rock. El gato siempre andaba rondando y se metía a fuerza en la conversación, como la luz, por la ventana.
Tenían casi la misma edad pero ya habían confirmado, una de esas mañanas, que el tiempo precariamente existía. Y en otra, que el tiempo, de ser medible, es relativo también. Después llegaron a resolver, una mañana con gato, que la edad era como los exámenes, nunca se evalúa bien con el numérico resultado. O como cuando encontraron, después de buscar, el mejor antídoto para la sociedad, y de ello una teoría: no confíes en los que viven sin música, no son de fiar.
Joaquín veía a Sebastián con anhelo, de que algún día podría valer la pena tantas mañanas. Sebastián movía los labios, deslizaba las manos sobre el aire, se reía y coqueteaba, pero nunca, en todas las conversaciones dejó por un instante de pensar, con un rojo carmín, en la agonía del porvenir. Dentro, dentro de la carcajada, de la ola de su voz, punzaba el pensamiento -- No me dejes nunca.
Tenían casi la misma edad pero ya habían confirmado, una de esas mañanas, que el tiempo precariamente existía. Y en otra, que el tiempo, de ser medible, es relativo también. Después llegaron a resolver, una mañana con gato, que la edad era como los exámenes, nunca se evalúa bien con el numérico resultado. O como cuando encontraron, después de buscar, el mejor antídoto para la sociedad, y de ello una teoría: no confíes en los que viven sin música, no son de fiar.
Joaquín veía a Sebastián con anhelo, de que algún día podría valer la pena tantas mañanas. Sebastián movía los labios, deslizaba las manos sobre el aire, se reía y coqueteaba, pero nunca, en todas las conversaciones dejó por un instante de pensar, con un rojo carmín, en la agonía del porvenir. Dentro, dentro de la carcajada, de la ola de su voz, punzaba el pensamiento -- No me dejes nunca.
PROPUESTA
Y SIN MENTIR
PODRíA HACER UN DíA
DE PERDER SOLO EL TIEMPO
ESCUCHANDO MÚSICA
SIN CONTAR
QUE EL MUNDO
SE ESTA CAYENDO
EN LOS PERIóDICOS
EN LAS CALLES
SIN ESCUCHAR
COMO LADRIDOS
QUE ES LO QUE NOS HACE
ESTAR SOBRIOS
Y CONTINUAR EVITANDO
VERNOS
A LOS OJOS
PODRíA HACER UN DíA
DE PERDER SOLO EL TIEMPO
ESCUCHANDO MÚSICA
SIN CONTAR
QUE EL MUNDO
SE ESTA CAYENDO
EN LOS PERIóDICOS
EN LAS CALLES
SIN ESCUCHAR
COMO LADRIDOS
QUE ES LO QUE NOS HACE
ESTAR SOBRIOS
Y CONTINUAR EVITANDO
VERNOS
A LOS OJOS
SEMEJANZAS
3 ideas mientras hablas
El deseo es un monstruo hermafrodita que me ataca por detrás en la noche.
Mis ojos se vuelven carnívoros lentes, rebeldes instintivos.
Tal vez alguien murió aquí: Sobre el espacio entre tus Vans y mis Converse
Mis ojos se vuelven carnívoros lentes, rebeldes instintivos.
Tal vez alguien murió aquí: Sobre el espacio entre tus Vans y mis Converse
semestre
Carcome
El viento
Mis esperanzas
Quema
El sol
La elocuencia
Tiempo
Me cubre
No de paciencia
Sino de algo
Insoportable
Casi vicioso
Plagoso sentido
De extinción
El viento
Mis esperanzas
Quema
El sol
La elocuencia
Tiempo
Me cubre
No de paciencia
Sino de algo
Insoportable
Casi vicioso
Plagoso sentido
De extinción
Peluza
Todo comenzo cuando tome la decisión de barrer el cuarto. Me cambié de pantalones, me recogí el cabello y fui hasta el cuarto siguiente en donde en una puerta pequeña y demasiado alta estaban las cosas de limpieza. Tome una escoba y un reocgedor.
Música para acompañar mi divertida funcion, en donde me volví la presa. Al principio casí no era notable en mí, pero si se podía percibir por todo el cuarto una nube como si hubiera liberado millones de moléculas blancas voladoras. Abri la ventana, pero el relajo seguia ahí… diciendo borucas que solo me picaban en el cuello. Seguí arduamente mi mision de dejar todo limpio, barrí hasta debajo de la cama y moví los zapatos para también barrer debajo de ellos. Cada vez más la nube desaparecía pero el picazón no disminuía. Me tope con el espejo y en un grito que fue más de asombro que por algo de terror me dí cuenta de que mi ahora amiga la peluza comenzaba a construirme un disfraz grisaseo. Entre pelos y bolitas azules en la gran masa gris pude ver el destello de mis ojos, aun vivos. Mi cabello ya se había hecho uno con el deshecho de los coches que entraba por la ventana y mi torso se daba de vueltas entre quinientas bolas de algodón sucio. Me quede mirandome en el espejo… sin más, esperando. Con la escoba en una mano y el recogedor en la otra, como una tonta, viendo como los pedazos de miles de tiempos me comian a besos.
Música para acompañar mi divertida funcion, en donde me volví la presa. Al principio casí no era notable en mí, pero si se podía percibir por todo el cuarto una nube como si hubiera liberado millones de moléculas blancas voladoras. Abri la ventana, pero el relajo seguia ahí… diciendo borucas que solo me picaban en el cuello. Seguí arduamente mi mision de dejar todo limpio, barrí hasta debajo de la cama y moví los zapatos para también barrer debajo de ellos. Cada vez más la nube desaparecía pero el picazón no disminuía. Me tope con el espejo y en un grito que fue más de asombro que por algo de terror me dí cuenta de que mi ahora amiga la peluza comenzaba a construirme un disfraz grisaseo. Entre pelos y bolitas azules en la gran masa gris pude ver el destello de mis ojos, aun vivos. Mi cabello ya se había hecho uno con el deshecho de los coches que entraba por la ventana y mi torso se daba de vueltas entre quinientas bolas de algodón sucio. Me quede mirandome en el espejo… sin más, esperando. Con la escoba en una mano y el recogedor en la otra, como una tonta, viendo como los pedazos de miles de tiempos me comian a besos.
F.Bolco
Dos banderas para las luces de tus ojos
Parecieranme
De lejos
La luna
Tu sonrisa en la inmensidad
Entiendo
Es noche y tu diurna
Persona bajo la alfombra
Amarra mis pies
A la horca
Eres camaleon
Eres noche
Esta noche
Parecieranme
De lejos
La luna
Tu sonrisa en la inmensidad
Entiendo
Es noche y tu diurna
Persona bajo la alfombra
Amarra mis pies
A la horca
Eres camaleon
Eres noche
Esta noche
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